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CULTURA | 10/02/2019 10:40

Voicot, con '+v' de vegano, o el arte por la liberación animal en Argentina

Federico Callegari (i) y Malena Blanco (d), los fundadores de Voicot, posan para Efe durante una entrevista el 9 de febrero de 2019, en Buenos Aires (Argentina). EFE
Federico Callegari (i) y Malena Blanco (d), los fundadores de Voicot, posan para Efe durante una entrevista el 9 de febrero de 2019, en Buenos Aires (Argentina). EFE (Foto:EFE )
Buenos Aires, 10 feb (EFE).- Voicot se escribe con 'v', de vegano y de victoria, y es un "movimiento artístico" nacido en Buenos Aires que lucha, con la comunicación como arma, por "la liberación animal" y por "un mundo más justo". "Voicot es un movimiento artístico que lucha por la liberación animal. Es la forma que encontramos para luchar por un mundo más justo. Lo hacemos a través del arte, la comunicación y la publicidad, que, en lugar de vender cosas, te muestra lo que pasa detrás de lo que todos vemos", afirmó a Efe Malena Blanco, fundadora de Voicot junto a Federico Callegari. Los dos jóvenes capitalinos provienen de la industria publicitaria, en la que trabajaban cuando en 2014 surgió la idea de Voicot mientras desarrollaban una campaña en Nueva York y decidieron realizar su primera acción: pegar carteles contra la famosa Semana de la Moda neoyorquina. "Pasamos por Nueva York, estaba justo la Fashion Week (Semana de la Moda) y había un montón de diseñadores usando pieles y allí iniciamos esa primera campaña de 'Fast food fashion' (moda de comida rápida), imprimimos carteles y los distribuimos por la ciudad", relató Callegari. Durante los años siguientes, ambos publicistas se dedicaron cada vez más de lleno a su faceta activista, que combinaba la parte comunicativa con la de investigación, para la que se colaban en mataderos para "graficar a la gente" cuál es la situación real de los animales en estos centros a través de fotografías, vídeos e informes. A pesar de su entusiasmo son conscientes de lo difícil que es luchar contra las grandes empresas "de explotación animal", como ellos las definen, que cuentan con presupuestos millonarios para sus campañas publicitarias orientadas a que "la gente consuma un montón de cosas que no necesita". "No tenemos el presupuesto de las grandes marcas para comunicar pero sí tenemos una escalera y pintura", recalcó Callegari. Esa parte es la que ellos catalogan como "comunicación b", que trata de compensar con creatividad la falta de recursos y que se basa en pegar por las ciudades carteles en los que se pueden leer mensajes como "violencia es comer animales" o "liberación animal, liberación humana". Todos sus mensajes y carteles comparten una misma nota aclaratoria: Voicot no se responsabiliza por la fijación de estos afiches (carteles) de la misma forma que las personas, las empresas, y el Estado no se responsabiliza de la matanza de animales más grande de la historia. Si bien a veces sus acciones rozan los límites de la legalidad, su filosofía apuesta por la desobediencia civil, y es que, como asegura Callegari, "cuando una ley es injusta, lo justo es desobedecerla". Para esta labor de difusión cuentan con una red de entre 200 y 300 activistas que opera de forma descentralizada por todo el país, un número que sigue aumentando cada semana. Además de comunicar e investigar, también realizan acciones e intervenciones cuando la situación lo requiere, como sucedió a finales de 2014 cuando la empresa agroindustrial Cresta Roja anunció el cierre de una de sus plantas en la que se encontraban 27.000 gallinas que iban a ser incineradas. "Cresta Roja fue fuerte, quebró y dejó a los empleados sin pagarles y nosotros fuimos allá porque nos enteramos de que había animales que los habían dejado sin agua y sin comida. Fuimos con activistas independientes y otras ONGs y rescatamos varios animales, pero el lugar era un campo de concentración", recordó Blanco. En total, calculan que pudieron salvar de la muerte a unos mil ejemplares, que con mucho esfuerzo consiguieron colocar en hogares de acogida de familiares y amigos, además de quedarse con alguna gallina como mascota, como ocurrió con Cuello Gordo, que todavía convive con ellos. A pesar de que cada año se abre un poco la posibilidad de acción de Voicot, sigue siendo muy difícil expandir el veganismo en un país como Argentina, uno de los principales consumidores y exportadores de carne en el mundo. "La ganadería en Argentina es de las empresas más poderosas que hay. Otro de los problemas que encontramos es que, en este tipo de Gobiernos de derechas, para la exportación es una firma y son varios ceros de animales más", manifestó Blanco. Con todas las dificultades, consideran que "2019 va a ser un gran año para el veganismo", una corriente que va ganando adeptos. "El veganismo atraviesa todo. Está por un lado la alimentación, pero en realidad es un estilo ético. Trasciende todo, se genera todo un comportamiento de análisis de que somos responsables con las elecciones que hacemos día a día y a partir de nuestras elecciones podemos generar un impacto mucho más positivo en el mundo", concluyó Callegari. Aitor Pereira
EFE
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