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GENTE | 23/12/2018 04:40

La Navidad tradicional griega intenta resistir a las tendencias globales

Exposición de los dulces de Navidad típicos griegos en una pastelería, incluyendo melomakarona, preparados a base de galletas bañadas en almíbar de miel y rociadas con trocitos de nuez, y kurabiedes, un tipo de mantecados rellenos de almendras recubiertos por azúcar glas. Grecia se centra estos días en la Navidad, repleta de tradiciones y platos muy particulares que luchan por resistir a las tendencias globales de estas fechas. EFE
Exposición de los dulces de Navidad típicos griegos en una pastelería, incluyendo melomakarona, preparados a base de galletas bañadas en almíbar de miel y rociadas con trocitos de nuez, y kurabiedes, un tipo de mantecados rellenos de almendras recubiertos por azúcar glas. Grecia se centra estos días en la Navidad, repleta de tradiciones y platos muy particulares que luchan por resistir a las tendencias globales de estas fechas. EFE (Foto:EFE )
Atenas, 23 dic (EFE).- Grecia, un país en el que siempre es verano en el imaginario colectivo, se enfoca estos días en cuerpo y alma en la celebración de todo lo contrario: la Navidad, repleta de tradiciones y platos muy particulares que luchan por resistir a las tendencias globales de estas fechas. Probablemente una de las partes más irreductibles son los dulces, que se encuentran en pastelerías y hogares desde hace semanas. En especial, los kurabiedes y los melomakárona, pastelillos y embajadores de la Navidad de los que es difícil escapar si se celebran las fiestas en Grecia. Aunque distintos, ambos tienen en común que no se escatima en el grado de dulzura en su preparación. Los kurabiedes son un tipo de mantecados rellenos de almendras recubiertos de azúcar glas, mientras que los melomakárona son unas galletas bañadas en almíbar de miel y salpicadas con trocitos de nuez. Estos dulces se comen tanto en las semanas previas como en las fechas más importantes. Son un ofrecimiento obligado a las visitas, incluso a las que se presentan sin avisar cantando villancicos. El 24 de diciembre, los niños van de puerta en puerta cantando "ta kalanda", cantos y poemas festivos que acompañan con el tintineo de triángulos, que las casas corresponden regalando estos dulces. El día de Navidad, las familias se reúnen para comer un festín en el que suele reinar el pavo relleno de frutos secos, pero que está abierto a la innovación y el presupuesto de cada hogar, exceptuando el pescado y el marisco, que solo aparece puntualmente en el menú. La decoración tradicional va perdiendo su particular batalla contra la globalización del omnipresente abeto navideño. Especialmente en la costa y en las cientos de islas griegas la tradición manda que se coloquen maquetas de veleros hechas de madera decoradas con distintos adornos y luces. Estos barquitos (llamados "karavakia" en griego) se colocan tanto en las plazas de los pueblos como dentro de las casas, cerca de las chimeneas y con la proa apuntando hacia el centro del hogar. Representan la profunda relación del país con el mar y la alegría de las familias cuando los marineros regresan al hogar para celebrar las festividades tras meses embarcados. Con la esperanza de que la familia tenga un próspero año también se colocan monedas u objetos de oro dentro del casco del "karavaki". Aparentemente el primer árbol de Navidad llegó al país en 1833 de la mano de su primer rey, Otón I de Grecia, procedente de Baviera. Otra tradición importante relacionada con el mar es la celebración de la Epifanía o Teofanía el 6 de enero, cuando se conmemora el bautismo de Jesús y la bendición de las aguas y de las naves para que el año sea provechoso. En los puertos de todo el país un sacerdote bendice una cruz que lanza al agua detrás de la cual van los feligreses más valientes, que intentan recuperarla y devolverla a tierra firme para recibir buena suerte durante todo el año. Desde una perspectiva mucho más pagana, también se cree que durante los doce días de Navidad unos espíritus traviesos salen de las entrañas de la Tierra para alterar la paz de las personas. Estos duendes son los "kalikántzari", unos duendes que forman parte de varias leyendas en Grecia, los Balcanes y Anatolia. Durante el resto del año, los "kalikantzari" intentan llevar a cabo una inmensa tarea bajo tierra: serrar el Árbol del Mundo, que une los cielos al mundo terrenal, así como este al inframundo a través de sus raíces. Según la leyenda, cuando están a punto de serrar la última parte y provocar el colapso de la Tierra, llega el solsticio de invierno y la Navidad. El Sol se detiene por doce días, lo que permite a los duendes salir a la superficie y olvidar durante unos días el Árbol para centrarse en otras travesuras más inofensivas, como desordenar las casas o dejar puertas y ventanas abiertas. La leyenda dice que el 6 de enero el Sol vuelve a moverse y deben regresar bajo tierra. En su ausencia, el Árbol del Mundo se ha recuperado completamente, por lo que deben empezar a serrarlo desde el principio otro año más. En algunos pueblos de Grecia la gente se reúne el 5 de enero en torno a grandes fogatas para beber, bailar y cantar con la intención de ahuyentar a los "kalikantzari" y lograr que regresen a las profundidades al día siguiente. Otros, compaginan las celebraciones más actuales con rituales durante los doce días de Navidad para evitar sufrir dichas travesuras, como dejar la chimenea encendida toda la noche, marcar la puerta de entrada con una cruz negra, o quemar incienso. Ana Mora Segura
EFE
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