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GENTE | 31/10/2018 13:40

Ngäbe y Buglé, las etnias panameñas en defensa de su idioma y cultura

Fotografía tomada el martes 30 de octubre de 2018, muestra un niño junto a su madre en el pueblo de El Peñón en la comarca Ngäbe Buglé, a 291 kilometros de la ciudad de Panamá (Panamá). EFE
Fotografía tomada el martes 30 de octubre de 2018, muestra un niño junto a su madre en el pueblo de El Peñón en la comarca Ngäbe Buglé, a 291 kilometros de la ciudad de Panamá (Panamá). EFE (Foto:EFE )
El Peñón (Panamá), 31 oct (EFE).- Casas ancestrales con un tesoro cultural que sucumben ante viviendas de concreto, e indígenas que no hablan su idioma, son el panorama actual que viven dos etnias diferentes con un territorio en común en Panamá, cuyos líderes y pobladores pretenden rescatar de las influencias de la modernidad. Entre imponentes montañas verdes, destaca desde lejos el Cerro El Peñón, una localidad dentro de la comarca Ngäbe Buglé (noroeste de Panamá), en el que a lo largo del poblado es latente el cambio y que, sin duda, somete a un cambio radical a sus habitantes. Santiago Vázquez es uno de ellos, ya no habla en el idioma buglé, y su casa tradicional levantada de barro y paja, llamada "quincha", será derribada, seguramente para dar un cambio estético y otro aspecto a la comunidad, declaró a Efe. "Las tradiciones se han ido perdiendo, hay que sacar tiempo para que los niños aprendan, por eso muchos -líderes- vienen para rescatar lo que nos identifica", mencionó el indígena, que vive junto a su esposa y 7 hijos. Esta etnia aborigen antes era conocida como Bokotas, actualmente es uno de los grupos más pequeños conformado por una población de 3.784 habitantes que se encuentran ubicados en la parte oeste del Istmo, en las provincias de Veraguas y Bocas del Toro. Mientras vigilaba un poco de arroz que secaba al sol, dijo que le incomoda los comentarios que han salido de que todos los indígenas de la comarca viven en extrema pobreza, no lo considera así, dado que siente que han prosperado. Asintió que ahora depende de la juventud y los niños que vienen creciendo, pero se deben preparar de forma profesional, sin dejar atrás su cultura. Cerca, su vecina pero de origen ngäbe, Magdalena, riñe un poco, porque ve con mayor aceptación los cambios. Ella espera que le den su casa de concreto construida por un programa gubernamental. "Me da pena (vergüenza) mi casa de barro, no me gusta recibir visitas por la condición deplorable que está", dijo mientras cocinaba maíz para elaborar "chicha fuerte", una bebida fermentada típica de la región. En cambio, el presidente del Consejo Nacional de la Juventud Ngäbe de Panamá, Ricardo Miranda, reconoció a Efe que ahora es muy notable que los jóvenes del pueblo ngäbe no hablan su idioma, y prefieran hablar perfectamente el español o inglés para evitar la discriminación o encontrar mejores condiciones de vida. Lo mismo ocurre con las viviendas tradicionales y la vestimenta, en esta última impulsan un rescate para recuperar su uso entre los pobladores. "Esto pone en peligro la cultura e identidad, sin embargo, nuestra organización ha ponderado actividades para promover la escritura y lectura; se podría decir que estamos en riesgo, pero la incentivamos para rescatarla", aseguró. El líder mencionó que los Buglés aún mantienen sus raíces, pero la mayor situación crítica la enfrentan los Ngäbe. Este grupo, antes llamados "Guaymíes" tiene una población de 260.058 indígenas, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos de Panamá. "Se han mejorado ciertas condiciones en el territorio de las comarcas que han desplazado a su vez, la parte tradicional, ya las personas no se sienten tan a gusto hablarlo, y no viven en las casas de paja, porque de una vez lo asocian a ser pobres", lamentó el dirigente. De acuerdo al Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (FILAC) en América se hablan unas 420 lenguas indígenas, pero unas 111 de ellas se encuentran en riesgo de desaparecer. Raquel Sánchez
EFE
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