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ESPECTáCULOS | 20/09/2018 19:40

U2 vuelve a Madrid 13 años después para predicar su mensaje de unidad

El cantante de la banda irlandesa
El cantante de la banda irlandesa "U2", Bono (d), durante el primero de sus dos conciertos en el WiZink Center, en Madrid, dentro de su gira "Experience + Innocence Tour". EFE (Foto:EFE )
Madrid, 20 sep (EFE).- U2 es mucho más que música, bien es sabido, con toda una cosmogonía de iconos y proclamas sobre el mundo entre las que se repiten principalmente las de "amor" y "unidad", lo que hoy, en su esperado concierto en la capital española, ha llevado a su líder a clamar contra los separatismos. "Desde mi experiencia puedo decir que no hay nacionalismo bueno", ha dicho Bono casi al final, transcurridas dos horas y media de "show" y en el discurso previo a uno de sus grandes temas, "One", tras el que ha justificado sus palabras: "Los irlandeses les tenemos mucho miedo a las banderas". Ha sido en su retorno a Madrid después de 13 años, número maldito para algunos que aquí ha supuesto el final de una larga ausencia de giras en la ciudad, desde que en 2005 actuaran por última vez en el clausurado estadio Vicente Calderón dentro del "Vértigo Tour" al grito de: "1, 2, 3... ¡catorce!". La expectación por este reencuentro con el público que en 1987 protagonizó su mítico primer concierto en España ya se palpó en la venta de las entradas, agotadas en pocas horas, y ha vuelto a sentirse esta noche en un WiZink Center lleno hasta la bandera, reunidos los barrios de Usera y Salamanca bajo un mismo techo, como sus amigos Javier Bardem y Penélope Cruz o Pablo Casado, líder del PP. Según la organización, 15.000 personas han seguido de cerca este "Experience + Innocence" que cierra el concepto semántico y escenográfico que hace tres años abrió la pata contraria, la gira "Innocence + Experience". Si aquella hablaba de cómo U2 se abría al mundo, en esta narra su vuelta al hogar. Como si de un espejo se tratara, el escenario aparentemente replica la misma estructura de 2015, con una larga pasarela que casi divide la pista y sobre la que pende a su vez una gran pantalla transversal, esta vez -avisan- con una resolución nueve veces mayor y algún metro más de largo, hasta sumar 31. Con media hora de retraso sobre lo anunciado, el espectáculo ha arrancado avasallador con imágenes de ciudades europeas devastadas por la barbarie de la guerra y la codicia de represores, también Madrid en 1939, mientras de fondo "El gran dictador" de Charles Chaplin animaba a recuperar el poder sustraído al pueblo por líderes como Trump o Putin. "¡Vamos, Madrid!", ha bramado Bono de fondo, aún invisible tras la pantalla iluminada, cuando ha irrumpido "The blackout" más colosal que en el último disco, "Songs of experience" (2017), a plena potencia de vatios para que las cuatro siluetas de los protagonistas se hicieran por fin presentes. Sus siempre poderosos medios escenográficos pronto les han permitido ofrecer más instantáneas de calado arquitectónico, como la rampa sideral que ha llevado a Bono al cielo en "Lights of home". Pero también han mostrado que desde un espacio más convencional del escenario aún saben trazar paisajes igualmente emocionales solo con música, como con el viejo clásico "I will follow", en el que ha sido la guitarra de The Edge la tiralíneas encargada de remover la estática del pabellón, antes de tocar "Red Flag Day" y "Beautiful Day". "¡Beautiful Madrid! ¡Hola, guapos! ¡Hola guapas! Esta noche esta es la historia de cuatro chicos normales hechos extraordinarios por la música y el público", ha relatado el vocalista, síntesis del concepto narrativo de este concierto, que ha dado paso al recuerdo a su madre, fallecida prematuramente, con "Iris (Hold Me Close)". Así ha arrancado el segmento que entronca esta gira con la de 2015 y planta las bases de esa citada cosmogonía particular, entre idas y venidas infantiles por "Cedarwood Road", apelaciones a Bowie, santos católicos y botas militares, paseo emocional recreado esta noche gracias a la tecnología, antes de la reflexión antiterrorista de "Sunday Bloody Sunday" y "Until the End of the World", entre una lluvia de salmos hechos jirones de papel. El ecuador lo marca entonces un relato animado de su ascenso a los cielos, con discos de éxito como "The Joshua Tree", al que rindieron homenaje el pasado año (por lo que sus éxitos han quedado fuera del repertorio), y su supuesta bajada al suelo con una lección de humildad: "La sabiduría es la recuperación de la inocencia al final del camino". La segunda parte del concierto, ya en el recoleto escenario situado al otro extremo de la pasarela, ha arrancado con una segunda juventud que inspira éxitos como "Elevation" y un intensísimo "Vertigo", en el que pocas veces habrán atronado de manera igual los "Un", "dos", "tres", los "catorce" y, claro, los "¿dónde está?". "La mejor banda de rock del lado norte de Dublín", como se ha autoproclamado Bono, ahora señor de la pista con chistera y todo, se ha dado al jolgorio con "Even better than the real thing" y se ha transmutado luego en MacPhisto, viejo personaje de su mitología, como previo a "Acrobat", joya de su repertorio que hasta este "tour" nunca antes habían tocado en vivo. No hay tiempos muertos, aunque U2 juegue al despiste. Con la guardia baja en el formato plácido y acústico de "You're the Best Thing About Me" y "Summer of Love", la banda suelta de repente imágenes de los refugiados, antes de estallar, ya a pleno voltaje, en una exaltación del amor y de los valores de comunidad europeos con "Pride": "¡Vamos Madrid, vamos España, vamos Europa!". Una enorme bandera europea se ha desplegado a continuación entre los aplausos de Bono, que empieza cantando "New Year's Day" y termina tarareando el "Himno de la alegría", mientras el escenario muta de nuevo para erigir la deslumbrante ciudad de "City of blinding lights". Aún quedaban los bises, no obstante, para recordar que "la pobreza es sexista", defender el amor en todas sus variantes con "Love Is Bigger Than Anything in Its Way", clamar por la unidad de todos frente a los nacionalismos separatistas con "One" y dedicar a los más jóvenes una canción, "13 (There's a light)", y un consejo: "No escuchéis a vuestros padres". Javier Herrero.
EFE
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