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GENTE | 08/07/2018 09:10

Teresa Helbig y Ágatha Ruiz de la Prada, nada es lo que parece

La diseñadora Agatha Ruiz de la Prada al término del desfile de su colección Primavera/Verano 2019 en la 68 edición de la pasarela Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, hoy en el recinto ferial de IFEMA. EFE
La diseñadora Agatha Ruiz de la Prada al término del desfile de su colección Primavera/Verano 2019 en la 68 edición de la pasarela Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, hoy en el recinto ferial de IFEMA. EFE (Foto:EFE )
Madrid, 8 jul (EFE).- Los tejidos nobles y detalles preciosistas están presentes en el trabajo de Teresa Helbig, pero siempre con una vuelta de tuerca más, "un más difícil" todavía porque la investigación es su bandera, al igual que Ágatha Ruiz de la Prada, quien riza el rizo y propone vestidos con telas de cortina. "Nos gusta complicarnos, hacer cada colección más difícil", ha contado hoy a EFE Teresa Helbig, que se ha inspirado en los laberínticos jardines ingleses para confeccionar un trabajo serio y muy complicado en el que nada es lo que parece. Así base de nudos hechos con cuero encerado, la diseñadora compone un vestido-kimono con formas geométricas que recrea los parterres, pieza que despierta emoción al igual que un vestido de gasa verde bordado con rafia, "una nueva técnica que hemos desarrollado trenzándola con tres agujas", explica. Están presentes los motivos florales, "frágiles y fuertes al mismo tiempo" en vestidos estampados y también en piezas hechas en vidrio soplado de Murano, cera y tejidos, unos delicados detalles que la diseñadora aplica en varias salidas, pero adquieren más fuerza en un vestido corto de manga larga que bien podría ser de novia. Más allá de los exquisitos e increíbles detalles que se ven en toda la colección, el desfile ha estado protagonizado por vestidos que moldean el cuerpo de la mujer con todo tipo de siluetas. A Teresa Helbig le gusta llamar a sus diseños "vestidos-joya", piezas preciosistas envueltas en una halo nocturno como un modelo en tono nude salpicado de cristales, "es un vestido para soñar en el jardín", dice la diseñadora. En especial sobresale una pieza plisada con un estampado propio realizado con "'glitter' termofijado" en forma de estrellas, piezas que llevan su ADN, un sello, ligado a la elegancia y al refinamiento que también se ve en el diseño de su primer bolso, un modelo ideado para viajar que resulta tan apetecible como sus prendas. Aunque muchos crean que Ágatha Ruiz de la Prada siempre hace lo mismo, no es así. Esta madrileña sorprende y apabulla con sus creaciones luminosas, coloristas y alegres. Su desfile resulta vitalista y optimista. Mientras suena Alaska y Dinarama o MariSol, Ágatha Ruiz de la Prada se mete en la piel de Julia Andrews en la película "Sonrisas y Lágrimas" y con tejidos de cortinas construye una colección hipercolorista en la que conviven prendas comerciales con otras más surrealistas como los vestidos michelín, los pelotas o los flotadores. "Siempre juego con lo mismo, con las formas agathistas", dice esta diseñadora, quien asegura que esta colección ha sido más sencilla de realizar "porque los tejidos de cortinas son más fáciles de coser". Metros de tela se despliegan y alumbran pliegues inesperados, formas cilíndricas y siluetas fluidas que unas veces se despegan de cuerpo y otra no. Su iconografía infantil, inteligente y con un punto "naíf" aflora por doquier, incluso en unas veraniegas gafas cuajadas de margaritas que invitan a ver la vida como un bello jardín. Ágatha Ruiz de la Prada, la más veterana de la pasarela madrileña junto a Roberto Verino, no deja tiempo libre en su agenda, hace más de setenta desfiles al año por todo el mundo, "el próximo mes de septiembre desfilaré en la sede de Google de Nueva York". Más contenida fue la propuesta de Ulies Mérida, que como la torre bíblica de Babel ha construido una colección pensada para ensalzar el estilo de la mujer "a partir de todas aquellas a las que visto", explica el diseñador. Un mundo femenino diverso que le ha permitido evolucionar en sus patrones sin abandonar un estilo, su esencia que consiste en "dejar que los tejidos vivan". Por primera vez, un estampado hace acto de presencia en sus telas,los topos de diferentes tamaños, que conviven con otros piezas en las que también se mezclan distintas texturas en azules, amarillos y lilas, colores más rebajados que en otras ocasiones. Chaquetas muy estructuradas con patrones armados, siluetas más ligeras y suaves brillos para noches de fiesta componen una propuesta de "prendas polivalentes" en la que no ha faltado su célebre camisa Bettina. Carmen Martín/Inmaculada Tapia
EFE
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