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GENTE | 02/07/2018 12:50

La Alta Costura defiende en París el vestido como objeto de arte

Una modelo luce una creación del diseñador galo Bertrand Guyon durante la presentación de su colección 2018/2019 Otoño-Invierno para Schiaparelli en la Semana de la Moda de Alta Costura que se celebra en PArís (Francia) hoy, 02 de julio de 2018. EFE
Una modelo luce una creación del diseñador galo Bertrand Guyon durante la presentación de su colección 2018/2019 Otoño-Invierno para Schiaparelli en la Semana de la Moda de Alta Costura que se celebra en PArís (Francia) hoy, 02 de julio de 2018. EFE (Foto:EFE )
París, 2 jul (EFE).- La Alta Costura defendió hoy en París una moda que ensalza el valor de las prendas como creaciones artísticas y que, de la mano de firmas como Christian Dior y Schiaparelli, revivió en la pasarela el espíritu de sus fundadores, protagonistas de revoluciones de vestuario. "Los vestidos de la Alta Costura tienen el carácter único e insólito del objeto de arte. Se encuentran entre las últimas cosas que se siguen haciendo a mano, por la mano del hombre, cuyo valor es insustituible pues da a todo lo que crea lo que ninguna máquina podría dar: la poesía de la vida", dejó escrito Christian Dior. Bajo esta premisa, la firma, liderada hoy por la diseñadora italiana Maria Grazia Chiuri, recuperó algunas de las siluetas creadas por el modista durante su carrera en versiones más modernas, con sedas y tul. Poniendo el foco en la estructura del vestido, la arquitectura de los mismos fue lo más importante en piezas donde los corsés contrastaron con fluidas faldas plisadas y superposiciones de tejidos y encajes. "¿Es posible mantenerse fiel a las estrictas reglas dictadas por la Cámara Sindical (de Alta Costura) al tiempo que se descompone para crear un nuevo orden?", se preguntó Chiuri en esta colección, según una nota que recibieron los invitados al desfile, que tuvo lugar en los jardines del Museo Rodin. Para responder a su cuestión, la italiana recuperó algunos de los patrones originales de Dior, en una sencilla tela de algodón blanco, algunos de los cuales se pudieron ver en la exhibición "Christian Dior, couturier du rêve", que acogió el Museo de Artes Decorativas en 2017 y que hoy decoraron la pasarela. El desfile abrió con una serie de trajes diurnos en azul noche, uno de los colores que Chiuri ha usado como sello a su paso por la "maison", y continuó con vestidos nocturnos en tonos piel, con pinceladas de verde menta, kaki o naranja melocotón. La diseñadora volvió a las líneas fundamentales de la casa recuperando, por ejemplo, la chaqueta "Bar", la mítica creación del "New Look" que Dior lanzó en 1947 con hombros redondeados y cintura marcada, pero cambió sus mangas por unas más anchas, de alas de murciélago. Un intento discreto de transgredir en una pasarela que se caracteriza aún por su saber hacer pero no tanto por su capacidad de sorprender. Acompañados con accesorios en color piel, joyas estilo fantasía y sombreros con velo, Dior propuso vestidos rectos de manga larga y faldas a media pierna y modelos largos para la noche, como de bailarinas, con el tul, transparencias y flores bordadas, en una línea similar a los precedentes diseños de Chiuri. Otro de los diseñadores encargados de defender una herencia de peso fue el francés Bertrand Guyon al frente de Schiaparelli, que celebró la presentación de su línea otoño-invierno 2018/2019 en los salones del Palacio de la Ópera Garnier. Guyon rescató la teatralidad de la creadora italiana Elsa Schiaparelli, icono de la combinación entre arte y moda gracias a las colaboraciones surrealistas que firmó en su día con el pintor Salvador Dalí. La fantasía se apoderó de prendas cargadas de símbolos de la casa, como las mariposas o los candados, decoradas con bordados, joyas de oro y llamativos botones en trajes de sastrería que realzaron una silueta afinada y alargada. A estas formas contribuyeron los zapatos, botines y sandalias con altísimos y finos tacones que provocaron un par de tropezones entre las modelos. Además de varios sobrios vestidos en palabra de honor y terciopelo negro o azul marino, destacó el color de la firma, el rosa fucsia, en un abombado vestido de seda con cola que se lució junto a una máscara de mariposa. Los antifaces también fueron de perro, león, conejo o flamenco en estilismos pintorescos y perfecto para las fotografías que hoy pueblan fácilmente las redes sociales. Schiaparelli defendió la habilidad de sus artesanos incluyendo plumas de gallo blanco en los vestidos y telas muy trabajadas con "jacquards" de cebra, encajes y bordados incandescentes, una labor solo apta para las manos más pacientes de esta industria, capaces de crear aún piezas de arte a precios inalcanzables para la mayoría. María D. Valderrama
EFE
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