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ESPECTáCULOS | 27/05/2018 09:10

Malikian lleva a Moscú su gira del violín con nuevos proyectos ya en mente

El violinista libanés de ascendencia armenia Ara Malikian. EFE/Archivo
El violinista libanés de ascendencia armenia Ara Malikian. EFE/Archivo (Foto:EFE )
Moscú, 27 may (EFE).- Después de dos años llevando por todo el mundo "La increíble gira del violín", el virtuoso e inclasificable Ara Malikian cree que es hora de emprender la recta final para dar paso a nuevos proyectos que llaman a su puerta. Con su inseparable compañero, el viejo violín que hace más de un siglo permitió a su abuelo escapar del genocidio armenio a manos del Imperio Otomano y emigrar al Líbano, el artista armenio-libanés nacionalizado español ha recalado en Moscú para ofrecer un único concierto. "Tenemos que acabar porque hay ganas de hacer otras cosas. Ha sido una gira muy bonita que nos llevó por el mundo entero, por todos los rincones. Fue maravilloso", afirma en entrevista con Efe antes de subir al escenario de la Casa Internacional de la Música de Moscú. Su vida es una vorágine, saltando de país en país y de continente en continente con su increíble historia del violín, con el mismo ímpetu con que salta y gesticula en el escenario mientras interpreta de forma poco ortodoxa a los clásicos y los mezcla con grandes del rock como Jimmy Hendrix, Led Zeppelin o David Bowie, "Quiero grabar un nuevo disco a fin de año y a partir del año próximo empezar otro proyecto, nuevas historias", dice, aunque aún no quiere revelar el contenido. "Estoy componiendo los temas y ahora falta encontrar el hilo conductor, pero aún hay tiempo", asegura, ya que aún tiene por delante más de una veintena de conciertos de la gira del violín. "El último disco que grabé fueron composiciones propias por primera vez, y sigo con esa intención", añade. Lo que sí tiene claro es que la gira que le ha llevado por todo el mundo le va a servir de fuente de inspiración. "He conocido lugares, músicas que no conocía y eso va a influir en la música que voy a componer para el próximo disco", afirma. Tocar en Moscú le resulta muy evocador ya que "los mejores violinistas de todos los tiempos han salido de Rusia, hay una tradición muy importante" y por ello "hay mucho donde inspirarse". "Aquí la música es tan importante, tan apasionada, que algo quedará de aquí también en mi disco", afirma. Con su inconfundible aspecto entre punk y roquero, enfundado en unos leggings con estampado de serpiente, brazos tatuados, collares, pulseras y su característico pelo largo, Malikian rezuma, sin embargo, candidez y humildad. La misma sencillez con que opina que los artistas "tenemos el deber de sensibilizar, de informar, de concienciar al público de las cosas que yo creo que deberían mejorar en el mundo... las injusticias, los niños que viven en situaciones difíciles, los refugiados". Temas recurrentes que le inquietan y que siempre aborda en los comentarios que dirige al público en sus conciertos. "Intento evitar lo político, no es algo que me interese, pero las causas sociales, humanitarias siento el deber de compartirlas con el público", señala. Y aunque reconoce que "es difícil ser optimista" en el mundo actual, cree que "hay que serlo". "Hoy en día hay problemas muy graves, algunos de ellos no mejoran, como la situación de los refugiados, que es un problema estancado", asegura alguien que lo conoce de cerca ya que tuvo que salir de Líbano con quince años huyendo de la guerra civil. Pero ve algunos avances en cuanto a la reducción de la pobreza infantil o en dar acceso a la educación a más niños gracias a que hay más personas involucradas. "Es una lucha constante, pero es indispensable hacerlo para vivir en un mundo mejor y una sociedad más sana", afirma el violinista. A Ara Malikian no le hace ilusión tocar con nadie especial en el escenario, considera "más importante tocar con músicos o artistas con los que me llevo bien, con quien sÉ que lo vamos a pasar bien". Quizás porque cuando era más joven y se dedicaba a la música clásica había muchos directores de orquesta a los que admiraba, y "sueñas con trabajar con ellos y luego es una desilusión ver que no son como pensabas". "Pero esto fue sano porque dejé de idolatrar a la gente que admiro artísticamente", afirma. Virginia Hebrero
EFE
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