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CULTURA | 20/05/2018 11:40

La imagen de un Brasil "pacífico" se desmonta en más de 300 fotografías

Fotografía fechada el jueves 17 de mayo de 2018, de la exposición
Fotografía fechada el jueves 17 de mayo de 2018, de la exposición "Conflictos: fotografía y violencia política en Brasil 1889-1964", que estará abierta al público hasta el próximo 29 de julio en el Instituto Moreira Salles de Sao Paulo (Brasil). EFE (Foto:EFE )
Sao Paulo, 20 may (EFE).- La imagen de un Brasil históricamente "pacífico" se desmonta en una exposición fotográfica en Sao Paulo que rescata las guerras, revoluciones y golpes vividos en el país, casi de manera constante, desde que inició su etapa republicana a finales del siglo XIX. "Conflictos: fotografía y violencia política en Brasil 1889-1964" desenmascara el estereotipo de que en esta tierra todo es alegría, fiesta y carnaval y además sirve para entender algunos acontecimientos de la actualidad. Son 338 imágenes de conflictos, tensiones sociales, bombardeos y muertes que abarcan desde los años posteriores a la proclamación de la República (1889) hasta 1964, cuando el país se sumergió en dos décadas de amarga dictadura militar. "No es pacífico como generalmente se habla, Brasil se implicó en pocas guerras externas, pero a lo largo de todo el siglo XX se consigue observar una serie de disputas internas donde el Estado intervino de manera bélica", dice a Efe Heloisa Espada, curadora de la muestra. La exposición estará abierta al público hasta el próximo 29 de julio en el Instituto Moreira Salles de Sao Paulo y comienza con una instantánea sobrecogedora. La de la ejecución de un rebelde a manos de un hombre, rodeado por varios compañeros, que mira fijamente a la cámara mientras sostiene un machete en el cuello de su víctima, que está de rodillas. La fotografía data de 1894 y en esa época había "poca munición" y "no tenían cárceles" por lo que la "degollación" era un "arma de guerra muy usada". Solo en esos años de Revolución Federalista (1893-1895) murieron alrededor de 1.000 personas degolladas. "Si uno lo llama guerra civil, revuelta o revolución depende de quién esté contando la historia", matiza Espada. También se muestran imágenes de la Revuelta de la Armada, la Guerra de Canudos, la Revuelta Naval, la Guerra del Contestado, la Revolución Gaúcha de 1923, la Revolución de 1924, la de 1930, la Guerra Civil de 1932 o el vandalismo de los Cangaceiros. Y continúa con la Insurrección Comunista, los motines tras el suicidio del presidente Getúlio Vargas, la Revuelta de Jacareacanga, el Levantamiento de Jacareacanga, la Insurrección de Aragarças, la Campaña de Legalidad y el Golpe de Estado de 1964. Lo peculiar es que la forma en que circulaba entre la sociedad todo este material, en una época sin Internet y con una industria periodística poco desarrollada, era a través de postales. Hoy son playas exóticas y ayer era el general de turno entrando a caballo, los destrozos de un bombardeo o una gran protesta. "Casi todos los conflictos de la primera década del siglo XX hasta los años 30 circulan por medio de postales, que fue una forma muy importante de popularizar la fotografía en ese momento", explica Espada. Pero además de postales también se han rescatado fotos en papel de albúmina, impresiones sobre vidrio y en gelatina de plata y estereoscopios, entre otros formatos. Por otro lado, algunos comportamientos de entonces se pueden observar en la actualidad, como las múltiples intervenciones del Estado para contener crisis de violencia, como ocurre hoy en Río de Janeiro. Algunas bandas criminales, como los Cangaceiros en la empobrecida región nordeste, sabían dominar el escenario mediático y realizaban sesiones de fotos en las que mostraban sus armas y su poder. En una de ellas se ven varias filas de cabezas cortadas. Como broche final, la narración del político comunista Gregório Bezerra, preso, torturado y arrastrado por las calles de la ciudad de Recife pocos días después del golpe de 1964. A su relato le sobran las imágenes porque sus palabras son suficientes para describir la brutalidad de la que sobrevivió. "Le arrancaron el cabello, los militares le mandaron pisar una poza con ácido y al final le colocaron tres cuerdas al cuello y le arrastraron por las calles de Recife incitando a la población a lincharlo", cuenta la curadora. La exposición recoge la violencia del pasado en un Brasil que también hoy cuenta las muertes violentas por decenas de miles. En los últimos quince años, más de 800.000 homicidios, en su mayoría jóvenes negros, eso supone más víctimas mortales que en la cruenta guerra de Siria. Carlos Meneses Sánchez
EFE
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