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ESPECTáCULOS | 21/01/2018 09:40

"El último traje" lleva a Argentina un relato de amor nacido del Holocausto

Fotografía tomada el pasado 17 de enero en la uqe se registró al director argentino de la película
Fotografía tomada el pasado 17 de enero en la uqe se registró al director argentino de la película "El último traje", Pablo Solarz (i), y al actor que encarna a su protagonista (Abraham Burztein), Miguel Ángel Solá, durante una entrevista con Efe, en Buenos Aires (Argentina). EFE (Foto:EFE )
Buenos Aires, 21 ene (EFE).- Un pasado petrificado en la época del nazismo y el recuerdo del único hombre que le ayudó a escapar de ese sufrimiento impulsan en una excitante película al sastre judío Abraham Burzstein, exiliado en Argentina, a embarcarse en su búsqueda y llevarle "El último traje" que confeccionó para él. Este nombre lleva el último largometraje del director argentino Pablo Solarz, que se estrena el 25 de enero en el país suramericano tras recibir una aclamada acogida en Madrid, desde donde, casualmente, comienza el protagonista su improvisada aventura hacia su tierra natal, una Polonia muy diferente a la que él dejó atrás. "Es una huida al futuro necesitando del pasado, lo busca (a su amigo) para poder completar su vida. No sabe cuánto va a durar su vida pero es un acto de arrojo el hecho de escaparse. Lo logra arriesgándose, es una idea esperanzadora", describe el argentino Miguel Ángel Solá, que interpreta a Abraham, en una entrevista con Efe en Buenos Aires. Solá, con su brillante trayectoria como actor en la industria hispano-argentina, se mete en el papel de un octogenario judío marcado por el Holocausto y considerado en cierto modo una carga por su familia, pero dispuesto a "encontrar un fundamento en su vida" que logre "suturar sus heridas, esos dolores que le dejó". "Es el personaje más difícil que me tocó en mi vida", remarca el actor. Y es que Abraham Burzstein es excéntrico, testarudo e inflexible pero porta un aura de caballerosidad y ternura que hace que todo aquel que se cruza en su camino "confabule" para ayudarlo. Para lograr esa mezcolanza de carácter, Solá afirma inspirarse en un viejo amigo llamado Marius Gherivasi, combatiente de los nazis y superviviente de esos años bélicos, que es de quien tiene "la mirada y la forma de hablar", ya que esos detalles "no son algo que suceda por arte de magia". "Es una constante que figura en mi inconsciente, como todas las partes del personaje que figuran en él", asegura. Abraham Burzstein se topa en su camino con una española (interpretada por Ángela Molina), un argentino (Martín Piroyansky) y una alemana (Julia Beerhold) que hacen todo lo posible por desquitar su "cabezonería", especialmente esta última, y mostrarle que en Alemania y Europa del Este la situación es muy distinta ahora. "Es un mensaje muy bonito entre una Polonia que en tiempos de exterminio nazi fue colaboradora del nazismo, en su gran mayoría, y el hoy de este hombre, que lo que busca es poder depositarse en los brazos de la tranquilidad, del afecto, del cariño", concluye Solá. Precisamente, esa misma Polonia fue la que estuvo a punto de vivir el abuelo de Pablo Solarz, que escapó a Argentina junto a su familia antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial y que despreció ese país durante toda su vida, según cuenta su nieto. "En su casa no se podía decir la palabra Polonia, era una mala palabra. Una vez le pregunté si era polaco, con 6 años, y sentía una tensión en la mesa, un silencio... Él miró para otro lado y al momento dijo: antisemitas. El odio que tenía era enorme", explica Solarz a Efe, una manía que también comparte Burzstein. La historia podría haber transcurrido en otros términos, ya que la primera idea del también guionista de la película fue la de un abuelo que, al venderle las hijas su casa, parte hacia la localidad polaca de Lotz para buscar un tesoro que su padre habría enterrado antes de dejar el hogar de su infancia. Sin embargo, una serie de anécdotas escuchadas en una cafetería capitalina, acerca de un padre de 90 años que dejó el continente para encontrar a un viejo amigo en tiempos de guerra y que solo había vuelto a contactar con su hijo una vez cumplido su cometido, cambiaron la dirección de las circunstancias y del rodaje. De él resultó finalmente una "historia de amor contada hoy" que, a pesar de mantener el factor del Holocausto en su trasfondo, suscita las emociones de todos aquellos supervivientes que, en palabras de Solá, "tienen la suerte de poder salir de esa brutalidad" y alcanzar proyectos personales de tal envergadura.
EFE
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