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CULTURA | 13/01/2018 11:40

La Cancillería Ecuador rompe sus muros a tenor de política de puertas abiertas

Vista aérea del Palacio de Najas este viernes, 12 de enero de 2018, en Quito (Ecuador). EFE
Vista aérea del Palacio de Najas este viernes, 12 de enero de 2018, en Quito (Ecuador). EFE (Foto:EFE )
Quito, 13 ene (EFE).- La Cancillería ecuatoriana derriba sus muros dentro un nuevo concepto de diplomacia pública destinada a acercar al ciudadano al Palacio de Najas, construido en 1920 y al que restaurará para acoger a más visitantes, ahora también para recorridos culturales. "Vamos a tumbar las paredes que rodean, amurallan, a Cancillería para devolverle a la ciudad un espacio público, un jardín, un parque público, para que sea un espacio abierto y pueda lucir" el Palacio, reveló a Efe el asesor cultural de la Cancillería, Pablo Salgado. Conocido en el mundo diplomático como el "Palacio de Najas", en honor su primer dueño, Constantino Najas, la sede de la Cancillería ecuatoriana es un palacete neocolonial, construido por el arquitecto italiano Francisco Turino Céceres. Se mantuvo en uso residencial hasta la década de los años cuarenta cuando el Gobierno ecuatoriano adquirió la casona para convertirla en su sede diplomática sobre 800 metros cuadrados. A la edificación, a la que sus primeros dueños la conocían como "Villa Susana", en honor a la esposa de Najas, le falta una tercera parte de la estructura, que se derrocó hace varios años para ampliar la avenida 10 de agosto, una de las principales de la urbe. Con una inversión de más de 300.000 dólares del Instituto Metropolitano de Patrimonio de Quito, los expertos planean arreglar las cubiertas y la pirámide de cristal que divide a la casona con un edificio nuevo donde funcionan varias dependencias del Ministerio. Se levantarán todos los entrepisos pues "están casi colapsados, muchos se encuentran pandeados", explicó a Efe Joaquín Moscoso, director del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, al añadir que habrá mantenimiento de puertas y ventanas. Como se trata de una intervención integral, también se restaurarán lámparas y muebles, gran parte de los cuales están en la casona desde que la adquirió el Gobierno. Finos tapices en líneas rosadas divididas con delicados estampados de hojas y flores lucen los sillones con estructuras de madera pintadas de dorado, algunos de los cuales tienen en su espaldar imágenes de mujeres con anchos y elegantes vestidos. Entre el apoya brazos y las patas de algunos sillones, hay figuras humanas talladas que han resentido el paso del tiempo, y que serán intervenidas, al igual que el resto de muebles, con el proyecto, que prevén que inicie en febrero y termine en julio. Según el arquitecto Franklin Cárdenas, director de obras del Instituto Metropolitano de Patrimonio, se trabajará en el control de las humedades por filtraciones desde la cubierta del palacete. Aunque estudios preliminares denotan "leves afectaciones", para Cárdenas, el tema de la cubierta es uno de los puntos "críticos" pues solo cuando destapen podrán conocer el nivel de daño en los empotramientos sobre los muros de ladrillo originales. A Cárdenas le preocupa también la situación de los entrepisos, unas estructuras de madera colocadas cuando se construyó el palacio y que "no han sido topados en intervenciones anteriores", dijo a Efe en uno de los salones donde, con cada paso, rechinan las tablas. Ligado a esto van los cielos falsos, pues parte de las estructuras del entrepiso la conforman sus anclajes. Gracias al concepto de puertas abiertas, la sobriedad de la estructura será más visible al público. Los grandes muros se reemplazarán por un acanalado con un diseño especial para que la comunidad pueda acceder, pues el proyecto también incluye la eliminación de los actuales aparcamientos y ampliar los jardines. El palacete, con paredes color crema y techo verde, tiene mamposterías portantes de ladrillo con morteros de cal, pisos y entrepisos de madera, así como cubiertas de estructuras de madera. Para el arquitecto, el palacete que se asemeja a las construcciones francesas de los siglos XIX y XX, es una de las obras más emblemáticas de Quito, que no solo lucirá renovada en su estructura sino que se convertirá, junto con el edificio moderno de la Cancillería, en una gran sala de exhibiciones. Ello porque las paredes acogerán obras de arte, que los visitantes podrán observar, mientras los funcionarios trabajan, igual que en el palacio de Carondelet, sede del Ejecutivo, donde hay recorridos guiados por expertos. La actual sala de prensa también tendrá un nuevo uso gracias a un convenio con la Cinemateca Nacional para proyectar obras relacionadas con temas diplomáticos y migración, entre otros, en tanto que los sábados ofrecerán obras para niños, a quienes también quieren involucrar en el nuevo concepto de acercamiento de la ciudadanía al mundo de la diplomacia. Susana Madera
EFE
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