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GENTE | 08/11/2017 15:10

Bolivia celebra la muerte rodeada de colores, música y peculiares calaveras

Una mujer boliviana lleva a su
Una mujer boliviana lleva a su "ñatita", calavera humana que reciben ese nombre porque les falta la nariz, en el Cementerio General de La Paz (Bolivia), con motivo de la festividad que lleva su nombre para proteger a los bolivianos, en un escenario en el que se mezclan la fe cristiana con la tradición andina. EFE (Foto:EFE )
La Paz, 8 nov (EFE).- Las "ñatitas", calaveras humanas que reciben ese nombre porque les falta la nariz, volvieron un año más al Cementerio General de La Paz con motivo de la festividad que lleva su nombre para proteger a los bolivianos, en un escenario en el que se mezclan la fe cristiana con la tradición andina. Bolivia celebra la vida y la muerte casi al mismo nivel. La música, los colores y la gastronomía local se dan la mano en una festividad que tiene por objeto venerar a las calaveras que los devotos tienen en casa para su propia protección. Cada 8 de noviembre, esta tradición prehispánica andina congrega a miles de devotos que colocan sus "ñatitas" en improvisados altares en los nichos y mausoleos para que reciban veneraciones. La mayor parte de los fieles son indígenas aimaras, herederos de esta tradición de adoración de las calaveras, aunque cada año se unen devotos de diferentes clases urbanas. Una de sus fieles, Leonora Pasa, señaló a Efe que recibió recientemente sus "ñatitas" de manos de su compadre. "Una se llama Víctor y la otra Pascualita, son una pareja que me protege a mí, protegen mi casa y mi familia", asegura. "Este día es una fiesta para mis "ñatitas", un año hace ya que no salen", apunta Leonora. Llama la atención los accesorios que se colocan sobre las calaveras, tanto coronas de flores como hojas de coca, gafas de sol o cigarrillos. "Es para que estén contentas, es algo que les gusta", explica Leonora. "La coca es para que fumen las maldiciones, igual que los cigarrillos", aclara. Este año, Elizabeth Portugal, más conocida como "Eli, la reina de los cementerios", veneró a 67 "ñatitas" junto a su esposo, Ángel Aduviri. Desde el 2012, cuando contaba con 52 calaveritas, Eli ha ido sumando a su colección particular nuevos cráneos debido a su profunda dedicación y a su devoción. La creencia popular afirma que las calaveras conceden milagros si se las venera y se les ofrecen determinados agasajos, razón por la que los fieles acumulan los cráneos, tanto para su propia protección como para la de sus seres queridos. El origen de esta celebración proviene de la antigua cultura tiahuanacota, según la que los cráneos de familiares, o incluso desconocidos, poseen determinados poderes mágicos y ofrecen protección a los dueños. No faltan las flores, las velas y los rezos. Todos muestran orgullosos sus "ñatitas" y posan para las fotografías con una amplia sonrisa, a pesar del misticismo y lo oscuro que semeja la tradición. La procedencia de los cráneos es variada, pues algunos obtienen las calaveras de estudiantes de medicina, aunque en ocasiones son de familiares difuntos. La Iglesia católica boliviana ha señalado en numerosas ocasiones que esta práctica no concuerda con su fe, ya que los restos mortales no pueden ser profanados. Aún así, a pesar de no ofrecer ninguna misa u homilía en su honor, el párroco del cementerio paceño decidió celebrar un pequeño rezo en la capilla a petición de los fieles. Es por este motivo que el 8 de noviembre es el único día en el que los devotos pueden acudir al camposanto con sus "ñatitas", ya que en otra ocasión pueden ser acusados de profanación de tumbas y ser detenidos. Tras los rituales en el camposanto, algunas familias tienen la costumbre de salir en procesión hacia sus casas o a salones contratados para hacer fiestas con comida, bebida y música. Con esta celebración se pone fin en Bolivia a las celebraciones para los difuntos, que comenzaron honrando a las almas que, según la creencia, vuelven a la tierra el 1 de noviembre para visitar a sus familiares. Elena Rodríguez
EFE
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