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Fotografía del 20 de abril de 2017, del escritor mexicano Gonzalo Celorio durante una entrevista con Efe en Ciudad de México (México). EFE
Gonzalo Celorio asegura que la Academia "no puede ser políticamente correcta"
21/04/2017 10:10 (-6 GTM)
México, 21 abr (EFE).- La Academia "no puede ser políticamente correcta o políticamente incorrecta", porque entonces las distintas instituciones que se encargan de consignar el uso de la lengua española caerían en una "imposición poco científica y poco rigurosa", afirma el escritor mexicano Gonzalo Celorio.
Criticar a la Academia por incluir en sus diccionarios acepciones consideradas deplorables es "como culpar al señor Richter de los terremotos", opina en una entrevista con Efe Celorio (México, 1948), quien presenta estos días su libro "Del esplendor de la lengua española".
El miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española (RAE) ejemplifica que estos señalamientos se han dado con las definiciones que la RAE da sobre "sexo débil" -definido como "conjunto de las mujeres"- y "sexo fuerte" -"conjunto de los hombres"-.
"Si en la mentalidad de los hablantes todavía se le dice al femenino 'sexo débil', la Academia no podría eliminarlo por razones de corrección política, porque sería un atentado al rigor científico que ha de aplicarse a cualquier obra académica", razona el escritor.
No obstante, la RAE anunció hace unas semanas que actualizará la definición e incluirá una marca de uso para señalar que "sexo débil" utiliza "con intención despectiva o discriminatoria".
La Academia "registra lo que los verdaderos dueños de la lengua dicen y consideran normal", es decir, lo que es "usual, algo natural, acostumbrado".
Celorio considera que "el lenguaje no es sexista": "Se ha confundido el género con el sexo y son dos cosas distintas".
Ahora se da un "desdoblamiento" con el que se dice, por ejemplo, "ciudadanos y ciudadanas, niños y niñas", apunta el académico, quien considera que esto "es un verdadero galimatías porque el único sexo diferenciado en términos gramaticales es el femenino".
Esto conlleva, explica, que no se puede decir "los niños" sin incluir a las mujeres, pero sí se puede decir "las niñas" excluyendo a los hombres.
El título de su nueva obra, en la que recopila 20 textos que hacen referencia a grandes figuras que han dado "brillo" a la lengua española, entre ellos Carlos Fuentes, Alfonso Reyes y Roger Bartra, hace referencia al único concepto que a su entender sigue vigente en el lema "limpia, fija y da esplendor", bajo el cual se creó la RAE.
El concepto de "dar esplendor" persiste en un contexto en el que "fijar" ya carece de sentido, puesto que "la lengua es un organismo vivo que está continuamente modificándose", dice Celorio.
Entre los cambios que se han experimentado desde el surgimiento de las Academias, el autor destaca que el gran logro es que se ha dejado de pensar que el "español de España, europeo, peninsular", era el "correcto".
"Por fortuna", esos tiempos han pasado y ahora hay una mirada "policéntrica", que es la que ha regido a la hora de hacer "grandes obras panhispánicas" como "La nueva gramática de la lengua española".
No obstante, las Academias de la Lengua de Latinoamérica batallan para que los avances en esta visión también sean perceptibles en el diccionario de la RAE, que no registra los "españolismos".
Y es que el diccionario sí establece al lado de ciertas voces una marca local -que dice, por ejemplo, que una palabra es un "mexicanismo"- pero no hace lo mismo con aquellas palabras que tienen un significado específico en España, como es el caso de "piso", usado únicamente en ese país con el significado de "departamento".
Celorio destaca que si hay algo "casi milagroso" en la lengua española, que se habla en un extenso territorio, es que "pueda tener todavía un altísimo grado de inteligibilidad", lo que no ocurre en otros idiomas.
"Uno puede atravesar 22 fronteras hablando la misma lengua" y las variables no impiden que los hablantes no se entiendan", sostiene el académico.
Siempre habrá palabras de un lado u otro que no se comprendan. Pero eso es, al fin y al cabo, "la sal y pimienta del platillo", la riqueza de un idioma que "no ha perdido su unidad", concluye Celorio.
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