Aguasdigital

aguasdigital.com

Opus Mei

Viernes 20 de Abril de 2018

Las Plumas

Aguascalientes
15°
C
Parcialmente nublado
clima
15°C Parcialmente nublado
Aguascalientes
15°
C
Parcialmente nublado
clima
15°C Parcialmente nublado
Viernes 20 de Abril de 2018
OPUS MEI | 19/04/2018 20:56

Fracasados y muy, pero muy enojados

Fracasados y muy, pero muy enojados

El fracaso provoca frustración. La frustración provoca ira, o apatía, pero los apáticos –entre los que me cuento por gracia de la diosa Ergía- son harina de otro costal y así como somos indolentes, solemos ser inofensivos.
Documentado está como desde la Gran Guerra se rompió aquella fe en el progreso que trajo la industrialización, aunque ya el romanticismo –el hecho romántico, para ser más preciso-, el fracaso ocupó un lugar preponderante en el imaginario: el paria, el bohemio, el fracasado como sujeto poético.
Recapitulando, que ya me metí en un berenjenal, el asunto es que el modelo de civilización en el que estamos inmersos –parcialmente, por cierto: esto es México y es al menos dos países-, el mundo se llenó de fracasados. Maurras culpaba a la sublimación de los desposeídos que trajo el cristianismo, aunque el asunto aquí no es quién nos la hizo, sino quién nos la va a pagar.
Los modelos de éxito nos son tan comunes, tan atractivos y tan lejanos, que son inalcanzables; soñamos con ser astros deportivos, estrellas del espectáculo, millonarios (los más ruines sueñan en política) y acabamos en algún momento frustrados; los llamados millennials, dicen los estudios sobre sus perfiles generales, la tienen peor: piensan que acabarán siendo Jeff Bezos, porque tienen una aplicación para teléfonos móviles.
En este contexto es que se da la quiebra de la política, que los más eruditos llaman la ‘crisis de la gobernanza’ y en este marco el auge de los nuevos populismos, que alguien –ya no recuerdo bien- señaló que se articula en el fenómeno de un ente abstracto que llaman ‘La Internacional Populista’.
En cristiano: la gente está enojada, decepcionada de la política en sus expresiones tradicionales y con ganas de agarrar al mundo a patadas, atraída por lo que Todorov llama ‘embriaguez de poder’. Para el caso mexicano una masa informe pero que cobra dimensiones de mayoría quiere arrasar con el status quo; no sabe, ni le interesa, que viene después, ahora hay que tener el desahogo de usar su voto para castigar a los que siente culpables de sus males. En mucho, la verdad, no les falta razón.
Si lo que viene es la ruina, pues ya será un asunto del que habrá que preocuparse luego.
Quiero liquidar ya esta serie de artículos, porque cuando me pongo serio me enredo y me termina ganando la risa, pero me temo que no será posible. Agarré mucha tela para tener de dónde cortar y no veo la manera de terminar esta ingente tarea.
De hecho quería hablar de cómo el populismo aprovecha la ira y el infantilismo de una sociedad que está en pleno berrinche y de cómo Andrés Manuel López Obrador es un retrato robot de un tipo de mexicano que está en pleno paroxismo de su enojo –no le faltan razones, repito-.
Dejo esto con una imagen que me ayudará a explicar por dónde quiero rematar esto y a otra cosa mariposa –ya ven que siempre me acaba ganando la risa.
En 1994 las últimas tropas rusas se retiran de Berlín, ya reunificado. Al evento protocolario es invitado, naturalmente, el entonces presidente ruso, Boris Yeltsin, quien llega borracho como una cuba. Ahí están el canciller alemán Helmut Kohl, el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton y muchos mandamases del mundo. Yeltsin apura copas y copas de champaña y cuando una banda comienza a tocar no sé qué pieza rusa, el presidente ruso arrebata al director la batuta y tambaleándose se pone, según él, a dirigir la orquesta.
Cualquier parecido con un ex-gobernador de aquí, es pura coincidencia.
La intelectualidad rusa se escandaliza y dice que aquella bufonada es una vergüenza para su país; en cambio los sondeos hablan que Yeltsin es aceptado y hasta apreciado por los rusos de a pie, por la sencilla razón que sienten que su presidente es como ellos son: borrachos y dados a los excesos.
Sigo –y espero terminar- en la próxima.

 

AgustÍn Lazcasas
Facebook Twitter Google Plus YouTube