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CATóN | 08/07/2019 11:58

De política y cosas peores

De política y cosas peores

 El agente viajero abrió la Biblia que estaba en el cajón del buró de su habitación en el hotel. Leyó en la primera página: "Si estás cansado de pecar te esperamos en la Iglesia de la Luz Iluminada". Abajo, escrita a mano, había otra anotación: "Si todavía no estás cansado llama al teléfono 1107-23-4288-35 y pregunta por Lasda"... Una señora comentaba acerca de su marido: "¡Qué cosas hace el tiempo! ¡Lo que de novios era para mí fruto prohibido ahora es fruta seca!". Esta chica es ambiciosa y exigente. Le dicen "La piedra de amolar": al que anda con ella le sale filo... El vecino de don Chinguetas le pidió prestada su podadora. Le contestó él: "No te la presto. Y mi trasero no es garaje". Preguntó el vecino, extrañado: "¿Por qué dices que tu trasero no es garaje?". Explicó don Chinguetas: "Me estoy adelantando por si me dices que me ponga la podadora ahí"... El novio de Gastonia le dijo al papá de la muchacha: "Vengo a pedirle la mano de su hija". "Te la concedo -respondió sin vacilar el genitor-, pero a condición de que te lleves también todo lo demás". La madre más inconscientemente cruel que ha existido es la de Quasimodo. Todas las mañanas le decía: "Te me vas derechito al trabajo ¿eh?"... Hablando de catedrales, una tenía en su fachada la estatua de un arcángel. Cierto día el Señor le dijo: "Durante siglos has estado inmóvil. Te concederé el don de la vida por una hora para que puedas hacer lo que más quieras". La estatua cobró vida. De inmediato el arcángel se levantó la túnica y exclamó con rencorosa voz: "¡Ahora les toca a ustedes, palomas desgraciadas!". En la quinta noche de la luna de miel el agotado novio le dijo a su apasionada mujercita: "Me vas a perdonar, Lasciva. Un segundo más y me desmayaré"... A la orilla de la playa los cocuyos encendían sus lucecitas. De pronto rompió la oscuridad la potente luz del faro. Una cocuyita exclamó llena de admiración: "¡Esos son machos!". Al llegar a su cuarto de hotel la señorita Himenia Camafría tomó el cartelito de "No Molestar" y tachó el "No"... Estamos en la época de los aztecas. En ese tiempo Pepito se llamaba Pépetl. El profesor de la escuela estaba dictando, y los niños grababan en la piedra, con su martillo y su cincel, los correspondientes jeroglíficos. Empezó a dictar el maestro: "Moctezuma es nuestro emperador". Los niños esculpieron en sus respectivas piedras el signo de la realeza: un gran penacho. Prosiguió el mentor: "Posee grandes riquezas". Los niños grabaron figuras de plumas, adornos de jade y semillas de cacao. "Tiene muchas esposas" -siguió dictando el maestro. Los escolares cincelaron numerosas figuras femeninas. "Pero sobre todo -dictó el maestro- Moctezuma es un hombre muy valiente". "Perdone, profe -preguntó el pequeño Pépetl-. 'Muy valiente' ¿se escribe con tres huevos o con cuatro?"... La palabra es uno de los más grandes dones que posee el hombre. "In principio erat Verbum", empieza el Evangelio de San Juan. Algunos interpretan esa críptica frase como una declaración de la divinidad de la palabra. Por la palabra el hombre es plenamente humano. Gracias a ella los hombres han podido conservar el acervo del saber acumulado a lo largo de los siglos, cosa que las otras criaturas animales no pueden hacer. Decía Ortega: "El caballo cuando nace estrena su ser caballar. El hombre cuando nace no estrena su ser humano". Eso quiere decir que cada hombre se beneficia, gracias a la palabra escrita, con todo lo que han hecho los demás hombres que han vivido antes que él. La palabra, en efecto, es un prodigio. Sin embargo hay que dejar bien asentada una verdad: no se puede gobernar sólo con palabras. FIN.

MIRADOR

San Virila pensó que el día se presentaba bien. Le dolía una muela, es cierto, pero el planeta seguía dando vueltas como siempre, había aire para que respirara todo mundo y el sol estaba en su lugar.
Salió de su convento aquel alegre santo que amaba a las creaturas por el Creador y al Creador por sus creaturas. En las calles de la aldea se cruzó con tres mujeres que lucían, felices, las evidentes señas de un próspero embarazo.
-¡Caramba! -exclamó San Virila jubiloso-. ¡Tres veces nos está diciendo Nuestro Señor que la vida va a seguir!
Cuando volvió al convento le preguntaron sus hermanos:
-¿Cuántos milagros hiciste hoy?
-Ninguno -respondió él con una gran sonrisa-. Pero vi tres.
¡Hasta mañana!…

MANGANITAS.

"...En mal estado numerosas carreteras federales…"

El automóvil rebota
en los muchos baches que hay.
(Pero hay que ayudar, caray,
a la autopista de cuota).

Armando Fuentes Aguirre/ Agencia Reforma
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