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Seguidores de EEUU inundan Brasil
21/06/2014 13:10 (-6 GTM)
RECIFE, Brasil / AP - Algunos querían jugar al fútbol, descalzos en la playa contra algún grupo de brasileños, tal como lo han visto en las imágenes románticas que transmite la televisión. Otros soñaban con asistir a partidos espectaculares en la tierra de Pelé y contagiarse de la pasión que arroba a Brasil por este deporte.

Y tampoco estaba mal beber algunas "caipirinhas", degustar las "coxinhas", bañarse en el Atlántico y alentar a la selección estadounidense. Viaje apetecible, por una tierra donde el fútbol se respira no sólo en los estadios, sino en cada barrio.

Brasil resultó la opción perfecta para que los estadounidenses se lanzaran a disfrutar un Mundial, reunirse en los festejos antes de los partidos e invadir el graderío durante los mismos.

"¡Gran fiesta! ¡Asombroso!", dijo Katie McCrath, quien reside en Miami y se refería a una reunión organizada por el club de animadores American Outlaws de cara al primer cotejo de los estadounidenses, que doblegaron el lunes 2-1 a Ghana en Natal. "Llenamos las calles".

Y también coparon buena parte del graderío.

"Fue una de las cosas más atractivas del primer partido, escuchar el Himno Nacional y sentirse casi como en un partido de locales", dijo el mediocampista Kyle Beckerman mientras la selección norteamericana se preparaba para su encuentro del domingo, frente a Portugal en Manaos. "Estar lejos y tener aquí a todos esos seguidores fue un sentimiento increíble".

En el país más grande de Sudamérica, las influencias de europeos, africanos en indígenas confluyeron en un clima tropical, una tierra generosa y un escenario sobrecogedor. Ese cóctel demográfico, geográfico y cultural confiere a Brasil un atractivo exótico ante los ojos de visitantes de todo el mundo.

Los huéspedes en los hoteles brasileños suelen despertar con desayunos abundantes en frutas tropicales. Sacian el hambre del mediodía con las "coxinhas", frituras de pollo, en cabañas que la expenden junto a la playa, y se deleitan con las "caipirinhas", cócteles preparados con cachaza —un aguardiente de caña_, así como azúcar, hierbas y limón.

Si todo ello se combina con el entusiasmo que despierta "o jogo bonito" de los brasileños, el Mundial de 2014 es irresistible para muchas personas en el mundo. Y los estadounidenses no son la excepción.

De acuerdo con la FIFA, más de 200.000 boletos para los partidos en Brasil fueron adquiridos por residentes en Estados Unidos. Aunque una buena parte de esos compradores seguramente hicieron el viaje para apoyar a otras selecciones, como la mexicana, es la segunda mayor cifra entre todas las naciones del mundo, salvo Brasil desde luego.

La multitud en Natal estaba vestida de rojo, blanco y azul. "Creemos que ganaremos", era el coro que resonaba en el estadio. Las barras y las estrellas cubrían casi cada sección de la tribuna.

"Habíamos escuchado que habría un montón de estadounidenses, así que ya lo esperábamos", dijo el arquero Tim Howard. "Y fue divertido por una vez tener la ventaja en eso".

Entre los seguidores en Natal estaba Greg Conley, de Boston, quien ha asistido a cada Mundial desde 1990, cuando vio a los estadounidenses jugar en Florencia, Italia. En aquel entonces, los norteamericanos en el graderío eran sólo unos cuantos universitarios que de casualidad se encontraban en Europa y que se sumaban a familiares o amigos de los futbolistas.

Salvo 1994, cuando Estados Unidos fue el anfitrión, Conley considera que el encuentro en Natal fue "la única ocasión en que hemos sido mayoría dentro, fuera y en las proximidades de un estadio en las horas previas y posteriores al partido".

Los American Outlaws utilizan las redes sociales para promover sus reuniones anteriores al cotejo. Katie McCrath asistió con su marido Steve, entrenador de fútbol en la Universidad de Barry. La multitud en la pizzería elegida para este festejo era tal que resultaba imposible acercarse siquiera a la puerta de entrada.

"Estar ahí, como estadounidense, y ver tanta gente y tanta energía es increíble", dijo Katie McCrath.

El ex arquero de la selección Kasey Keller, ahora comentarista de ESPN, dijo que un partido en el Mundial de 2006, en Kaiserslautern, Alemania, marcó la primera ocasión en que vio un grupo considerable de hinchas estadounidenses durante un encuentro mundialista en el extranjero. Estados Unidos se enfrentó entonces a Italia.

Keller esperaba ya que la concurrencia en Brasil rompiera los récords, y no sólo por la popularidad creciente del fútbol en Estados Unidos.

"En la historia limitada que (los estadounidenses) conocemos de este deporte, Brasil tiene mucho peso", dijo. "Además, éste es un país donde puedes divertirte en la playa".

Eso fue precisamente lo que hizo Conley, de 50 años.

"Uno de mis objetivos principales era jugar fútbol en la playa con lugareños durante el Mundial", dijo Conley, con los pies doloridos pero el rostro radiante. "Fue fantástico, tuve mi experiencia de 'jogo bonito'''.



AP
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