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TOROS | 13/10/2019 23:40

El novillero Miguel Aguilar abre la puerta grande de la Plaza México

En la imagen el registro de otra de la celebraciones del novillero mexicano Miguel Aguilar, quien este domingo cortó tres orejas, en la novena cita del ciclo Soñadores de Gloria 2019, y salió por la puerta grande de la Plaza México. EFE/Mario Guzmán/Archivo
En la imagen el registro de otra de la celebraciones del novillero mexicano Miguel Aguilar, quien este domingo cortó tres orejas, en la novena cita del ciclo Soñadores de Gloria 2019, y salió por la puerta grande de la Plaza México. EFE/Mario Guzmán/Archivo (Foto:EFE )
México, 13 oct (EFE).- El novillero mexicano Miguel Aguilar cortó tres orejas este domingo en la novena cita del ciclo Soñadores de Gloria 2019, por lo que salió por la puerta grande de la Plaza México. El también mexicano Héctor Gutiérrez dio una vuelta al ruedo entre algunas protestas y el esperado Diego San Román terminó su labor con el que cerraba plaza entre pitos. Los novillos del hierro de Marrón fueron en general sin casta y sin trapío. El noble tercero de la tarde recibió arrastre lento. El rejoneador Diego Luceiro, que abrió plaza, fue pitado y hubo ovación al espectáculo de Forcados Potosinos. Más de 4.000 personas acudieron al festejo. La presencia del novillero Diego San Román generó gran expectación, algo que el de luces pagó en su último toro con decisiones equivocadas. La tarde fue de Miguel Aguilar. El de Aguascalientes abrió la puerta grande ya con su primer novillo. Estuvo variado en su toreo, ejecutó un espléndido quite por faroles al capote, inició de rodillas su labor de muleta y la acabó de la misma manera. Entre medias algunas buenas tandas de cuatro pases con las zapatillas fijas y otras imprecisas ahogando la salida del novillo y descomponiendo la faena. Le faltó mando entre otras cosas porque su contrincante era un noblote que no lo requería. La falta de bravura del novillo restó emoción pero facilitó los adornos de Aguilar. Una buena estocada prendió en los tendidos, que exageraron al pedir dos orejas y el reconocimiento a un toro escaso de fuerzas aunque noble. Con su segundo novillo, Aguilar obvió el comportamiento al caballo del animal que había ofrecido la mejor vara de la tarde, con el picador Daniel Morales a la montura, y cómo se enceló con el gran par de banderillas de Christian Sánchez. El novillero apenas probó mandar dando distancia al novillo para sacarle la furia con la que se había empleado en los anteriores tercios, y optó por estar encima del astado ahogando su recorrido, sacando pases sueltos con la muleta atrasada, sin continuidad, muy del gusto de la plaza, haciendo una supuesta demostración de valor pero de hecho dejando a su enemigo sin lidiar. Enardeció a los tendidos y logró su tercera oreja. Lo que sucedió con Diego San Román en el séptimo fue la continuación de la oreja de Aguilar. Empezó muy bien ligando y mandando en dos tandas de derechazos para repentinamente pasar a un toreo tremendista de pases sueltos, adornos y feos circulares con el animal encima. No le salió la propuesta que antes le había funcionado a Aguilar y acabó entre pitos y avisos con el descabello en la mano. Distinta fue su seria actuación ante su primero, un manso peligroso con el que no perdió la cara y al que insistió en meter a la muleta cruzado, lo que casi le vale una cornada en distintas ocasiones. Héctor Gutiérrez estuvo muy bien en una tanda al natural con su primero, de lo mejor de la tarde. Con el segundo dio una vuelta al ruedo protestada tras una caótica faena persiguiendo al astado por el ruedo para ir sacando "trapazos" y circulares al animal. El cartel más rematado de la temporada novilleril empezó con los aspectos más circenses de la tauromaquia, restando solemnidad a la cita, que gozó de gran convocatoria entre los aficionados. El rejoneador Diego Luceiro mostró su amateurismo y se fue pitado por la distancia de su rejoneo y sus errores en las ejecuciones. Los Forcados Mexicanos alegraron los tendidos y sí merecieron ovación. La tarde terminó con Miguel Aguilar a hombros y San Román estrellado en el muro de las expectativas.
EFE
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