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MUNDO | 05/07/2020 05:40

Londres y Bruselas mantienen invariables sus posturas en el pulso del Brexit

Una mujer camina ante a dos banderas de la Unión Europea y del Reino Unido. EFE/ Niklas Halle\'n/Archivo
Una mujer camina ante a dos banderas de la Unión Europea y del Reino Unido. EFE/ Niklas Halle\'n/Archivo (Foto:EFE )
Londres, 5 jul (EFE).- Los negociadores del Reino Unido y la Unión Europea (UE) afrontan esta semana en Londres una nueva ronda de contactos sobre su futura relación tras el Brexit separados todavía por profundas diferencias, tras haberse levantado de la mesa antes de lo previsto en su anterior cita en Bruselas. Las expectativas que habían generado las primeras reuniones en persona, después de seis semanas de parálisis por el coronavirus y tres infructuosas rondas por videoconferencia, quedaron difuminadas esta semana tras constatarse que las posiciones de ambos lados del canal de la Mancha permanecen invariables y son aparentemente irreconciliables. El negociador jefe de la UE, Michel Barnier, y su homólogo británico, David Frost, anularon el viernes el encuentro que habían previsto después de cuatro jornadas de contactos técnicos entre sus equipos, un paso atrás que ha enfriado las perspectivas de alcanzar un acuerdo este verano. En las próximas dos semanas están previstas dos nuevas series de contactos técnicos, en Londres y en Bruselas, antes de que el 20 de julio comience en la capital británica la que se considerará formalmente la quinta ronda de negociaciones. El problema que planea sobre todas las discusiones técnicas es la exigencia europea de que el Reino Unido se comprometa a mantenerse alineado con la normativa comunitaria en diversos ámbitos a cambio de acceso económico al mercado único. Bruselas quiere impedir que las compañías británicas operen con ventaja respecto a las europeas si Londres decide divergir en el futuro de las leyes comunitarias que regulan las ayudas estatales a empresas, los derechos laborales y los estándares medioambientales, entre otros aspectos. En el argot de las negociaciones, esa alineación normativa se ha bautizado como "level playing field" ("campo de juego en igualdad de condiciones"). El Reino Unido argumenta que condicionar su capacidad para legislar una vez ha abandonado la Unión Europea socavaría su soberanía nacional. Adherirse a la legislación comunitaria puede menoscabar la posición de Londres a la hora de llegar a acuerdos comerciales con otros países, como con Estados Unidos, con el que ya ha comenzado a tratar sobre un futuro tratado de libre comercio. Ante ese escenario, el Gobierno británico propone a la UE el modelo de acuerdo al que el bloque llegó con Canadá, con menos condicionantes legales. Bruselas, sin embargo, rechaza desarrollar la negociación a partir de ese precedente y argumenta que tanto la posición geográfica del Reino Unido como su nivel de integración con la economía del continente hacen inviable repetir el modelo en este caso. El argumento de la soberanía nacional se repite en el otro asunto espinoso de las negociaciones, los derechos de pesca en aguas británicas tras el Brexit. Bruselas aspira a mantener el actual "statu quo" respecto a las cuotas pesqueras, algo que Londres considera inaceptable. El Ejecutivo británico, en cambio, propone negociar esos cupos año a año, de forma similar a como se hace con Noruega. Para evitar una ruptura incontrolada el próximo 31 de diciembre, cuando el Reino Unido dejará de estar integrado en las estructuras comunitarias, ambos lados deben haber llegado a un acuerdo con tiempo suficiente para que pueda ser ratificado por Londres y por los 27 socios europeos. Aunque la UE ha marcado el 31 de octubre como plazo máximo para sellar es texto, el Gobierno británico ha expresado su deseo de acelerar al máximo el proceso. En el aire no solo está la relación comercial bilateral, sino aspectos como la cooperación en seguridad, políticas de protección de datos, derechos de aviación y acceso mutuo a los servicios financieros. Más allá de la ratificación política del eventual pacto, las empresas con operaciones transfronterizas necesitarán cierto tiempo y recursos para adaptarse a las nuevas regulaciones y exigencias burocráticas. El último calendario acordado entre Londres y Bruselas prevé una sexta ronda de contactos el 17 de agosto en la capital belga, y anticipa asimismo nuevas reuniones en septiembre, para las que todavía no se ha fijado una fecha. Guillermo Ximenis
EFE
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