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MUNDO | 15/09/2019 06:40

Seis meses después del paso de Idai, faltan cosechas en Mozambique

Un hombre reconstruye un establo destruido por el ciclón Idai, en Sofala (Mozambique). EFE/ Miguel A. Lopes/Archivo
Un hombre reconstruye un establo destruido por el ciclón Idai, en Sofala (Mozambique). EFE/ Miguel A. Lopes/Archivo (Foto:EFE )
Nairobi, 15 sep (EFE).- El agua se llevó casas, vidas, arrasó ciudades enteras, pero ahora, seis meses después de que el ciclón Idai tocase tierra en el centro de Mozambique, quienes sobrevivieron se acuerdan de sus cosechas y de los casi de 800.000 hectáreas de cultivo que el ciclón se llevó y aún no se han recuperado. "Solíamos cultivar, plantábamos bananos y los vendíamos cuando maduraban, cosechábamos caña de azúcar, sésamo y se lo vendíamos a los blancos y recibíamos mucho dinero", relata María, una madre de dos hijos. María lo cuenta a Save The Children desde el sitio de reasentamiento de Manica, donde aún vive, una de las localidades más afectadas por el ciclón, después de que Idai se llevase su casa de cemento y todas sus pertenencias. La tierra que solía cultivar está ahora llena de arena. "¿Cómo podemos cosechar? Si plantamos algo, las semillas no van a crecer; lo intentamos pero todo se secó por el sol", cuenta esta mujer mozambiqueña. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) calcula que hay un millón de personas, entre ellas 160.000 menores de 5 años, en escasez de alimentos debido a los efectos de Idai y a Kenneth, otro ciclón que tocó tierra en el norte del país solo 3 semanas después del primero. Las inundaciones llegaron justo cuando iba a venir la temporada de cosecha en un país, que es esencialmente agrícola y cuyo 21 % de Producto Interior Bruto depende directamente de la exportación agrícola y los empleos que este sector crea. Después de que pasase lo peor, los más de diez días que duraron las tareas de rescate después de que el 14 de marzo el ciclón tocase tierra y de que pueblos enteros estuvieran todo ese tiempo incomunicados y sin poder recibir ayuda, ahora, la principal preocupación de la gente es el hambre. "Desde que el Programa Mundial de Alimentos (PMA) nos lo dio (los paquete de ayuda), llevamos ya un tiempo muriéndonos de hambre; todos aquí en estas tiendas nos morimos de hambre, no tenemos nada", dice María. En el mismo campamento, donde aún se alojan decenas de miles de personas afectadas, vive Albertina, con su marido y sus cinco hijos. Cuenta que la situación ahora ha mejorado y sus hijos han podido volver a la escuela. La agencia de gestión de desastres de Mozambique calcula que Idai dañó completa o parcialmente más de 3.500 aulas. Idai tocó tierra el 14 de marzo en la ciudad de Beira, la segunda mayor del país donde causó daños al 90 % de la urbe, y de ahí siguió avanzando al interior hasta que entró en la vecina Zimbabue. En total, 603 personas murieron en el país de África austral, y más de 220.000 hogares quedaron destruios en cuatro de sus provincias, a los que se suman los 344 fallecidos que Idai dejó en Zimbabue. Solo tres semanas después, llegaba a la provincia de Cabo Delgado, en el norte del país, Kenneth, otro ciclón que amenazaba con ser aún más fuerte, pero que debido a que es una zona de menor densidad de población causó menos estragos y 31 muertes. Según datos de la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) sigue habiendo unas 2,5 millones de personas que necesitan ayuda, lo que supone el 10 % de la población. "Muchos niños de las zonas afectadas no tienen acceso a los alimentos nutritivos que necesitan para tener un desarrollo saludable, y es muy posible que su sufrimiento se agrave a medida que nos adentramos en la temporada de carestía", explica en un comunicado el representante de Unicef en el país, Marcoluigi Corsi. Antes de los ciclones, según este organismo de la ONU, el 43 % de los niños en Mozambique ya sufría desnutrición crónica, y para febrero de 2020, el número de menores de 5 años que estará en inseguridad alimentaria severa se elevará a 200.000 en las zonas afectadas por la tormenta. El precio de los alimentos básicos subió de forma desproporcionada en los días siguientes: un plato de patatas y huevos fritos se pagaba a 25 dólares, cuando el plato no suele ser más de 5. Los precios siguen aún muy elevados para familias que antes cultivaban, pero ahora no les queda otra que comprar para sobrevivir. Según la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la subida de precios está empujando a algunas familias a casas a sus hijas de forma temprana o al trabajo infantil. Ahora, el país se prepara para entrar en una temporada de lluvias y, puede ser, que de ciclones, en un país que hasta este año no estaba acostumbrado a recibir fenómenos meteorológicos de estas proporciones. Irene Escudero
EFE
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