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VIDA | 24/06/2019 05:40

Filipinas festeja San Juan regado por litros de agua en plena sequía

Devotos católicos filipinos de San Juan Bautista, cubiertos de lodo y hojas de plátano, asisten a la Santa Misa en las afueras de la iglesia parroquial de San Juan Bautista en el distrito de Bibiclat, localidad de Aliaga, en la provincia de Nueva Ecija, al norte de Manila, Filipinas. EFE
Devotos católicos filipinos de San Juan Bautista, cubiertos de lodo y hojas de plátano, asisten a la Santa Misa en las afueras de la iglesia parroquial de San Juan Bautista en el distrito de Bibiclat, localidad de Aliaga, en la provincia de Nueva Ecija, al norte de Manila, Filipinas. EFE (Foto:EFE )
Manila, 24 jun (EFE).- Equipados con calderos, bidones, mangueras, pistolas de agua e incluso camiones cisterna, miles de filipinos salieron hoy a las calles para celebrar la entrada del verano bendecidos por San Juan, en una fiesta religiosa regada por ingentes cantidades de agua en plena sequía. San Juan City, una de las dieciséis ciudades que conforman el área metropolitana de Manila, conmemora cada 24 de junio desde hace dieciséis años la festividad del santo que le da nombre con el festival "Wattah Wattah" ("agua agua" en tagalo), una auténtica guerra de agua amenizada con música, desfiles y pasacalles. Nadie sale seco de las calles de San Juan, donde transeúntes, motos, coches y jeepneys (jeeps militares de la II Guerra Mundial reconvertidos en transporte público) son el principal objetivo de los chorros que acechan en todos los rincones. "Es nuestra gran fiesta. San Juan es nuestro patrón y así es como lo honramos", contó a Efe Jasper, de 31 años, mientras secaba con un albornoz a su hijo Cley, que acababa de recibir el "basaan" por parte de su hermana, un rito que emula el bautismo de Jesús en el río Jordan por San Juan Bautista. Pero Cley, que cumple dos años la semana que viene, ya se estrenó el año pasado en su primer "Wattah Wattah". "Se tiene que ir acostumbrado, nació en San Juan y quiero que viva esta tradición desde pequeño", indicó su padre. Este año, la festividad ha sufrido las restricciones de agua que por culpa de la sequía afectan a amplias áreas de Manila -en San Juan los cortes duran hasta 18 horas-, y en vez de los 50 camiones cisterna del año pasado, en esta edición sólo se han desplegado 16. La sequía es la más grave que azota la capital en años y el nivel de agua en la presa de Angat, la principal fuente de suministro de toda Manila, se sitúa en los 159 metros, por debajo del nivel crítico de 160 metros y muy inferior al nivel óptimo de 210 metros. "Esta celebración simula el acto de bautismo. Pero este año queremos resaltar la conciencia ambiental y no solo el aspecto religioso", explicó la alcaldesa de San Juan, Guia Gomez. Con ese fin, los trajes utilizados este año en los desfiles, pasacalles y teatrillos que representan la vida del santo, se han confeccionado con materiales reciclables. Aunque, como si se tratara de un mensaje divino para que la fiesta no acabe, San Juan recibió hoy el primer gran chaparrón de la temporada de lluvias, que comenzó hace una semana en toda Filipinas y se espera que palie durante los próximos meses la intensa sequía que sufre el país desde principios de año. "Es obra de San Juan", comentó divertida Yasmin, una joven de 18 años que chapoteaba como una niña en los charcos bajo la lluvia con sus hermanos y vecinos más pequeños. "Wattah Wattah" no es solo para disfrute de los más pequeños, ya que vecinos de San Juan de todas las edades se sumergieron en la fiesta del agua, después de haber asistido a primera hora de la mañana a la misa en honor al apóstol. Filipinas es el país más católico de Asia, ya que más del 80 % de su población profesa y practica esa fe, festeja con devoción las fiestas religiosas como San Juan, fecha en la que el agua corre también en otras ciudades como Batangas, Bulacan o Cavite. En la ciudad de Aliaga, a unos 100 kilómetros al norte de Manila, sus habitantes conmemoran San Juan, su santo y patrón, untándose en barro y hojas de plátano, un ritual conocido como "Taong Putik" (Gente de barro) y que rememora un episodio de la II Guerra Mundial. Tal día como hoy, en 1944, un fuerte diluvio impidió que decenas de vecinos de Aliaga fueran ejecutados por las tropas japonesas que ocupaban Filipinas en aquel momento, lo que se considera localmente como un milagro que atribuyeron a San Juan. Sara Gómez Armas
EFE
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