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VIDA | 20/06/2018 13:40

Misión papal avanza en Chile pero la paz aún queda lejos para las víctimas de abusos

El arzobispo maltés Charles Scicluna habla ante periodistas ayer martes 19 de junio de 2018, en Santiago de Chile (Chile). EFE
El arzobispo maltés Charles Scicluna habla ante periodistas ayer martes 19 de junio de 2018, en Santiago de Chile (Chile). EFE (Foto:EFE )
Santiago de Chile, 20 jun (EFE).- La segunda visita a Chile de los enviados del papa Francisco ha permitido recopilar nuevos testimonios de abusos sexuales, pero la paz y la justicia quedan aún lejos para las víctimas de la Iglesia chilena, donde no dejan de aparecer nuevas denuncias. El arzobispo maltés Charles Scicluna y el sacerdote español Jordi Bertomeu finalizaron este martes una misión pastoral de siete días ordenada por el pontífice, cuya visita a Chile en enero pasado fue el detonante de la peor crisis de la Iglesia católica en la historia del país sudamericano. La impunidad y el encubrimiento de los abusos sexuales que cometieron durante décadas miembros del clero chileno han dado paso a procesos de investigación y reparación liderados por el Vaticano y la Justicia chilena, aunque la tarea no será fácil ni rauda. Los enviados papales se reunieron con cientos de personas -incluyendo víctimas, testigos y religiosos- pero no dieron abasto ante la avalancha de casos y denuncias nuevas. "Ellos mismos se han dado cuenta de que probablemente no van a poder terminar ese proceso, que va a requerir uno o dos años más, porque en Chile no han emergido todavía algunos relatos de sectores más invisibilizados de la Iglesia", explicó a Efe Claudia Leal, académica de la Facultad de Teología de la Universidad Católica. Según esta experta en Teología Moral, la mayoría de casos de abusos destapados hasta ahora fueron cometidos contra jóvenes varones en la diócesis de Santiago o cercanas a la capital. "Todavía nos falta por escuchar las realidades de provincias más lejanas, a las mujeres y a los pobres", señaló. La crisis de la Iglesia chilena tuvo en su origen un protagonista destacado: el obispo Juan Barros. Su exposición mediática durante la visita del papa en enero pasado generó una ola de críticas y reflotó los reproches que surgieron en la ciudad de Osorno desde el año 2015, cuando fue nombrado obispo de esa diócesis por el propio Mario Bergoglio. Varias víctimas de abusos cometidos por el influyente sacerdote Fernando Karadima han afirmado que Barros fue testigo de esos hechos pero decidió ocultarlos y silenciarlos durante años. El papa Francisco respaldó inicialmente a Barros y aseguró que no había pruebas contra él, aunque poco después se retractó y en febrero mandó a Scicluna y Bertomeu por primera vez al país suramericano para recopilar antecedentes de las denuncias contra el obispo. Más allá del caso Barros, la primera visita de los enviados abrió las puertas a denuncias de otros casos de abusos sexuales que habían sido ignorados por la Iglesia chilena durante décadas. Scicluna elaboró un informe de 2.300 páginas con los resultados de su primer viaje a Chile. Después de leerlo, el pontífice admitió que había sido mal informado y pidió perdón a las víctimas. Para la académica Claudia Leal, el pontífice tuvo claro desde el comienzo que la crisis de la Iglesia chilena se debía a una "cultura del abuso y del encubrimiento", y no a casos aislados de abusos sexuales. A partir de ese momento los acontecimientos se sucedieron. Los 34 obispos chilenos pusieron sus cargos a disposición del papa después de visitarlo en Roma, y el pontífice decidió enviar nuevamente a Scicluna y Bertomeu a Chile para continuar el trabajo comenzado en febrero. Uno de los focos de la segunda visita fue la ciudad de Osorno, a 980 kilómetros al sur de la capital chilena, donde los enviados papales llegaron con la misión de reconciliar a la comunidad católica, enfrentada por la figura del obispo Barros. Según la académica de Teología, la imagen de grupos de laicos opositores a Barros y comunidades de fieles que lo defienden juntos en la misa del domingo pasado en la catedral de Osorno deja entrever que se ha empezado a caminar en la dirección correcta. En esa eucaristía, Scicluna se arrodilló ante los fieles para pedir perdón en nombre del papa por haberles "herido y ofendido profundamente". La visita ha servido también para espolear la investigación de algunos casos en la Justicia. Scicluna ha insistido en la necesidad de denunciar los abusos en los tribunales y durante su estancia en el país la Fiscalía realizó un inédito allanamiento a dependencias de la Iglesia en Santiago y Rancagua en el marco de la investigación de una red de abusos en la región de O'Higgins. El propio Scicluna fue interrogado en un despacho de la policía en el aeropuerto de Santiago antes de subir al avión rumbo a Roma por un fiscal que indaga denuncias contra sacerdotes de la orden Marista.
EFE
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